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Lara Jornet

Alcoy, Ontinyent, Ibi

| 02-06-2012 | facebook twitter

Anda la Cámara de Comercio preocupada por las 90 empresas instaladas en el polígono Santbenet-Santiago Payá y los problemas para acceder a sus locales. Sabrán ustedes que hay desprendimientos en un puente que conduce a una zona industrial malparida desde su concepción; construida sobre unos barrancos rellenos de tierra inestable. Pero eso lo dejaremos estar porque se pensó y ejecutó a mediados de los 90 y ya ha llovido. Son nada más y nada menos que 90 empresas de lo más variado y moderno del momento. Si se dan un paseo por ahí ya no encontrarán ‘telerets’, ni ‘tintes’, ni ‘acabats’, ni ‘filatures’. Ahora hay cosméticos, caucho y negocios diversos. Una bendición para Alcoy generadora de puestos de trabajo y elemento que hace perdurar lo poco que nos queda del apellido ‘industrial’.

Rafael Terol (en gloria estiga) comentaba en sus últimas conversaciones, que en los años 70 ya recomendaba a los empresarios de Alcoy que diversificaran, que intentaran dejar un poco de lado el textil, el sector tradicional que tanta fama y dinero nos aportó tras la Guerra Civil con las mantas, más tarde con las cortinas y lo que se bautizó como ‘Textilhogar’.

Los que lo entienden dicen que cuando las cosas van bien no hay que parar, y hay que empezar a buscar nuevas vías de negocio. No hay que conformarse con lo que tenemos y llenar la saca, hay que buscar más cosas y si puede ser, diferentes. Hay que reinvertir los beneficios en la propia empresa y si se puede en otras distintas. Es lo que se entiende por diversificar. No le hicimos demasiado caso al ex alcalde, ex president de l’Associació, ex president dels empresaris textils… Rafael Terol. Muy pocos diversificaron y así acabaron, muertos con sus ‘telerets’ instalados en bajos y fábricas del siglo XIX. Esos ‘telerets’ le aportaban a la ciudad un ritmo sonoro nocturno muy sugerente y peculiar con el ruido armónico y periódico de las máquinas, pero fue pan para hoy y hambre para mañana. En 2000 desaparecieron los ‘telerets’ y después lentamente el resto de las empresas textiles para sobrevivir únicamente 4 o 5 repartidas por la comarca y que supieron invertir en tecnología y capital humano. Otros pocos hicieron caso: el del caucho, el que continuó con las aceitunas, el de los camiones frigoríficos. Y surgieron otros tantos con las perchas, los cosméticos, el tejido específico para astronautas o manteles para la familia real; o el que ‘cultiva’ miel en la Serra de Mariola o crea pasta dentífrica en el Polígono Santiago Payá. También es interesante la bolsa de trabajo audiovisual para las producciones de cine de la Ciudad de la Luz. Gran idea para una ciudad creativa y con capacidad para absorber nuevos retos.

La cosa está muy malita, pero estos otrora llamados por el (ahora parece) innombrable Zapatero, brotes verdes, nos animan a pensar en un presente-futuro mejor. No parece suceder lo mismo en Ontinyent, ciudad industrial por naturaleza, donde dicen que Colortex, la nave nodriza del textil valenciano, da sus últimos coletazos de vida. Ontinyent no diversificó y optó por otra opción que también tenía muy buena pinta y que fue la de invertir en el textil y crecer en este sector. Se ampliaron las fábricas, se les dotó de tecnología y se salió al exterior a vender. Tenía buena pinta la cosa, pero se equivocaron en la raíz. No siempre lo tradicional es lo mejor. Porque ha quedado demostrado que los sectores tradicionales con participación masiva de obreros como el Textil o el Calzado se han desvirtuado y han caído en manos de economías con mano de obra ultrabarata. Por eso no es rentable fabricar zapatos en Elda o telas en Ontinyent. Porque el precio de coste es superior –de partida- al del beneficio que se pueda obtener. Ontinyent apostó fuerte por el textil y no diversificó demasiado. Por eso ahora entrar al pueblo cuesta cinco minutos cuando hace 10 años era un infierno de coches y camiones.

Y el ejemplo opuesto (Ontinyent medalla de bronce, Alcoy medalla de plata), medalla de oro y campeón olímpico es…. Ibi. Cuando otros cazaban moscas o meditaban si comprarse el segundo BMW, en Ibi pensaban en cómo diversificar su también tradicional sector del juguete. También los chinos fusilaron los juguetes y reventaron los precios y la calidad. Pero los de Ibi, Onil y Castalla supieron reinventarse. Primero protegiendo sus marcas, su propia denominación de origen de la Vall del Joguet. Marca, prestigio, calidad y precio. Lo consiguieron no sin luchar cara a cara con el juguete chino (aún lo sufren en silencio). Pero lo más interesante es que supieron reorientar sus producciones relacionadas con el plástico. Con la maquinaria para tratar el plástico de los juguetes se puede moldear otro tipo de artículos. Desde tapones para botellas de vodka para los rusos a recipientes para guardar las lentejas en la nevera. Pero es que además de la conversión del sector plástico, han surgido monstruos empresariales como ACTIU, una de las empresas de fabricación de mobiliario de oficina y dotación de grandes infraestructuras más importantes del mundo y que se encuentra en Castalla.

La inventiva y la adaptación ‘iberuda’ es un ejemplo a seguir. Y no hay más que dar una vuelta por la autovía a la altura de Ibi o Castalla para divisar un sinfín de polígonos a pleno rendimiento. Tan cerca, tan lejos. Nos separan a penas 40 kilómetros y fíjense qué contrastes.

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