{unique}{0,1}>



La calle se llenó de ilusión pero la sorpresa no estaba allí sino que esperaba a cada uno de los niños en su casa, donde iban a encontrar los juguetes que les han traído los Reyes Magos. La Cabalgata fue la de siempre, porque no hay motivo para otra cosa, con las singularidades propias y las particularidades que se le han ido aportando a lo largo de los años, pero sin alterar nada en lo que a su brillantez y sonoridad se refiere, incluido el fuerte sonido de los frenos de la carroza de la estrella, que inevitablemente acaba sorprendiendo a algunos, pero no es más que eso, la fricción de un mecanismo de retención que está permanentemente reteniéndola en las inclinadas calles de Alcoy, para facilitar la labor de los dos bueyes que la llevan. La Cabalgata empezó poco después de las seis y media de la tarde en El Camí, donde cada año se acumula más gente, hasta el punto que, en algunos tramos, parece haber más público que en la calle Sant Llorenç. Las temperaturas suaves ayudaron a que todos pudieran esperar con comodidad la llegada de los monarcas, que vinieron montados en tres dromedarios y besaron a miles de niños a lo largo del recorrido. La avalancha de pequeños que querían subir hasta su altura retrasaba una comitiva que tardaba unos cincuenta minutos en pasar, pero también es la esencia de este encuentro.
1.200 participantes
Heraldos, antorcheros, palmiteros, guardia, y custodiadores de las ofrendas de los tres Reyes Magos –en pequeños vehículos iluminados– se unían a los músicos y danzantes para formar una comitiva que alcanzaba las 1.200 personas, contando con los 400 pajes paqueteros, que no pararon de distribuir obsequios al paso del desfile, hasta agotar el millar que habían sido recogidos por la mañana en la sede de la Filà Llana. Bajaba también un carrito en el que se asaban castañas, en una imagen típica de los meses invernales. Lo que más llamaba la atención de los niños eran las escaleras con que los pajes suben a los balcones y, por supuesto, los tres camellos, que levantaban la cabeza con dignidad entre la muchedumbre que presionaba sus costados a cada parada, a pesar de los esfuerzos de los ayudantes por mantener el ritmo y acercar lo más rápidamente posible a los niños que querían recibir un beso real. Otros personajes estaban encargados de distribuir caramelos, unos 1.200 kilos según los datos facilitados.
Hoy acuden a las residencias y al hospital
Los Reyes Magos visitan hoy, a las 9 horas, la Residencia Emilio Sala, a las 10 estarán en el Hospital Virgen de los Lirios y a las 11’30 en la Residencia Geriátrica del Preventorio. El Hogar San José también contará con la presencia de los Reyes Magos, de la mano de los Antiguos Alumnos Salesianos.


















